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Noticia aparecida en el diario ABC del 17 de julio de 2003
A. ASTORGA/M. CASSABALIAN
MADRID. Mar del Norte. Nieuport (localidad costera flamenca de Bélgica). Primavera pasada. De repente, la red de un pescador que desesperadamente buscaba gambas se engancha a diez metros de profundidad entre algas, fango y frío. El ciudadano flamenco se afana en sacar el anzuelo, pero no sabe que su caña de pescar acaba de capturar una de esas deliciosas piezas que los expertos en arqueología submarina consideran imprescindibles. La caña del pescador de gambas había dado en el blanco de un buque mercante español de principios del siglo XVII. Inmediatamente, buceadores de la sociedad Deco y el Instituto para el Patrimonio Arqueológico de Flandes rastrean el «cadáver» exquisito. Exploran la zona y certifican que el navío se encuentra en buen estado. La noticia (de la que ayer se hacían eco los periódicos belgas «Le Soir» y «La libre Belgique») de este excepcional hallazgo se ha congelado varios meses para evitar la rapiña de los furtivos.
Ánforas, balas y rifles
El buque mercante español es un «tres palos», de cincuenta y cuatro metros de largo, con tres puentes, velas cuadradas y decenas de cañones. «Necesitaban por lo menos doscientos marineros para manejarlo», comentaron los buceadores. Naufragó en las aguas de Nieuport a en torno al año 1600. Las prospecciones marinas han permitido descubirir los huesos de los marineros, ánforas de vino, adminículos recipientes en forma de cebolla en donde los tripulantes conservaban su ración de alcohol, balas, rifles y decenas de cañones cuyo peso se ha estimado en unos mil kilogramos cada uno. El ancla del barco es otra fantástica pieza de diez metros en madera y hierro fundido. «Es un buque de madera del que se ha conservado por completo la cubierta y el armamento y probablemente todavía contiene su mercancia», sostiene el director del Instituto de Flandes, Dirk Callebaut.
El equipo especialista en arqueología marítima deberá ahora establecer la identidad exacta del barco y proceder a un inventario preciso de sus bodegas. Los expertos piensan que en el momento del naufragio el barco español se dirigía hacia Brujas o Ostende. Una gran parte del trabajo de identificación consistirá en indagar en los archivos del siglo XVII con la esperanza de encontrar datos que glosen este naufragio y las características del pecio. Esta esperanza es, sin embargo, desesperanzadora porque una gran parte de los archivos marítimos de los antiguos países bajos españoles han desaparecido. Según los especialistas, las incesantes modificaciones del fondo de arena sometido a la acción de las corrientes marinas a lo largo de la costa explican por qué se ha tardado cuatro siglos en encontrar este navío que se cobijaba en un noventa por ciento bajo la arena. En este sentido, el arqueólo submarino Carlos León, (que lleva a cabo en Panamá la más importante misión arqueológica española bajo el mar) confirmaba ayer a ABC que las aguas del Norte conservan muy bien los pecios por su frialdad y fango.
La exhumación del mercante español, según León, es muy importante y debería formar parte del Patrimonio arqueológico compartido: «Si, por lo que sabemos, es un barco español, creo que los Gobiernos de Bélgica y España deberían ponerse de acuerdo para actuar de inmediato». Sin embargo, en el Ministerio de Cultura español ayer no se tenían noticias del hallazgo. Luis Lafuente, subdirector de Patrimonio, señalaba a este periódico que una vez que el Gobierno español sea informado por las autoridades belgas se aplicará el «Convenio Unesco».
Los arqueólogos belgas deberán ahora utilizar gigantescos aspiradores para abrirse camino en el interior del barco, del que sólo el puente superior es visible. Esperan, además, poder sacar el cargamento y encontrar la campana sobre la que tradicionalmente está grabada el nombre de la embarcación. Las autoridades no revelaron la posición exacta del barco (muy cerca de donde los belgas pasan sus vacaciones), pero advierten que el pecio ya podría haber sido «visitado» por saqueadores que probablemente revendan el tesoro del pecio a gran precio en el mercado negro.
 
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