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Noricia aparecida en el diario ABC de 24 de febrero de 2002
HALLAN JUNTO AL PEÑON EL «SUSSEX», QUE SE HUNDIO EN 1694 CARGADO DE ORO INGLES
ALFONSO ARMADA (Nueva York)
Arqueólogos de Florida dicen haber hallado un pecio británico cargado de dinero en aguas de Gibraltar. El «Sussex» cargado con diez toneladas de oro naufragó en 1694, diez años antes de que los ingleses ocuparan la Roca, cuando iba a «comprar» la lealtad del Duque de Saboya.
El «Sussex», buque insignia de la Marina británica, se fue a pique junto a las costas de Gibraltar en 1694, diez años antes de que el Peñón fuera ocupado por sir George Rooke aprovechando la guerra de Sucesión española. El navío transportaba una pequeña fortuna para comprar al duque de Saboya y desgajarlo de las filas francesas.
Según relataba ayer en su primera página el «New York Times», una empresa de Florida que trabaja bajo los auspicios del Gobierno británico y el visto bueno de las autoridades españolas, asegura haber hallado el preciado pecio, aunque hasta ahora no ha sido rescatado del fondo marino más que un viejo cañón que se restaura en Cartagena y algunos aparejos.
Un documento secreto
Sólo dos de los 500 tripulantes del «Sussex», un navío armado con 40 cañones por banda, salvaron la vida cuando una feroz tormenta desarboló la flotilla que se encaminaba hacia el ducado de Saboya en misión secreta y mandó a pique al buque insignia. Un documento británico fechado el 12 de diciembre de 1693 dice que el Rey de Inglaterra había ordenado al tesorero del reino entregar a la flotilla «un millón de monedas», es decir, un millón de libras en monedas, que tanto para la codicia de entonces como para la de hogaño podría equivaler a diez toneladas de oro o cien toneladas de plata. Léase (según calculan en Odyssey Marine Exploration Inc., con base en la localidad de Tampa, Estado de Florida, donde también se ubica el alto mando militar que dirige la guerra contra Afganistán), 4.000 millones de dólares.
Los investigadores, que han forjado una insólita alianza de arqueólogos submarinos, financieros y el Ministerio de Defensa británico, están seguros de que cuentan con suficientes indicios para decir que el pecio corresponde al «Sussex», como por ejemplo la ausencia de cañones de bronce (armamento característico de navíos franceses o españoles) y de ánforas o jarras para transportar aceite de oliva, imprescindibles en toda singladura hispana, tanto de cabotaje como transoceánica, bélica o comercial. Según el diario estadounidense, que ayer publicaba imágenes a todo color del izado de un cañón y la silueta de lo que parecía un ancla grabada por una cámara submarina, la empresa de Florida firmó en marzo de 1998 un acuerdo de cooperación con el Real Museo Naval del Reino Unido, con sede en Portsmouth, bautizaron la nueva misión secreta en torno al «Sussex» como «Proyecto Cambridge» y en junio de ese año empezaron a rastrear el fondo marino en torno a Gibraltar con un sónar (aparato de detección que funciona mediante ultrasonidos) y un robot teledirigido.
Nuevas pesquisas fueron realizadas con toda discreción en 1999, 2000 y 2001, mientras las aguas del Estrecho de Gibraltar se agitaban con el tráfico incesante de pateras y muchos inmigrantes perdían la vida en el intento de ganar la costa europea. La última inmersión en las frías aguas de Gibraltar se verificó el año pasado, y en los 75 días de rastreo tomaron parte oficiales de la Armada española (el cañón rescatado está siendo pulido y evaluado en dependencias del Museo Nacional de Arqueología Submarina de Cartagena) y para la inminente primavera está prevista otra oleada de descensos.
En los siete años que el «Proyecto Cambridge» lleva en marcha, Odyssey y sus socios han gastado tres millones de dólares, pero su convicción de que están sobre los restos del «Sussex» les hace dar por bien empleada la inversión. Un riesgo del que el Gobierno británico no participa, aunque el pecio es de su soberanía, y así parece haberlo entendido el Gobierno español.
Aunque las técnicas de prospección submarina han avanzado una barbaridad (como se demostró en el rastreo del «Titanic») el hecho de que el pecio del supuesto «Sussex» se encuentre a casi 900 metros de profundidad (dos veces la altura de los 102 pisos del Empire State neoyorquino) ha hecho que la localización del tesoro (todavía una hipótesis) sea mucho más difícil.
La fiebre del oro
Por CARLOS LEÓN, arqueólogo submarino
Encontrar un barco hundido a novecientos metros de profundidad es ya un mérito más que destacable, pero si este barco, además, lleva más de 300 años bajo el agua, la proeza se convierte en un récord histórico. Ahora bien, una cosa es hallar restos de un naufragio a gran profundidad y otra muy distinta es tratar de realizar una excavación arqueológica seria contando únicamente con robots, que sólo son capaces de tomar fotografías, rodar imágenes en vìdeo y, como mucho, enganchar una cadena y tirar de ella hacia arriba.
Técnicamente, a 900 metros no existe la posibilidad de enviar buceadores. Aunque resulte extraño, hoy por hoy es más fácil realizar una excavación arqueológica en la superficie de la luna que a esa profundidad bajo el mar, pues hasta ahora los buceadores no han superado la barrera de los cuatrocientos metros. Por tanto, el único objetivo que puede mover a un intento de rescate en ese abismo es un buen premio en metálico y quizá es lo que se está buscando en este caso concreto. Pero esto no es arqueología, no confundamos. Esto se parece más a la búsqueda de un filón de mineral precioso. Se parece más a la fiebre del oro. Ahora, el peligro está en destruir los restos de un hundimiento en el que, quizá, cuando pasen unas cuantas generaciones, se pueda bucear sin problemas.
En arqueología a veces no queda otra opción que esperar a que la tecnología avance antes que hacer un destrozo por falta de medios, pero ya sé que los buscadores de tesoros no opinan lo mismo.
 
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