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Noticia aparecida en el diario ABC el 26 de febrero de 2002
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LA EMPRESA QUE ENCONTRO EL «SUSSEX», NO RECIBIRA PERMISO PARA EXCAVARLO
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ROSA VALDELOMAR (Madrid)
Pocos meses después de que fuera encontrado por la empresa norteamericana Odyssey, España e Inglaterra no han decidido aún a quién pertenece el «Sussex», un navío británico que se hundió frente a Gibraltar en 1694.
Lo que sí parece decidido, en cambio, es la retirada de Odyssey del proyecto.
Más de trescientos años después de que se hundiera frente a las costas de Gibraltar a causa de una feroz tormenta de la que sólo se salvaron dos de sus quinientos tripulantes, la historia del «Sussex» no ha hecho más que empezar.
Como informó ayer ABC, la empresa norteamericana Odyssey Marine Exploration Inc. asegura haber localizado este barco británico, que se fue a pique en 1694 llevando en sus bodegas unas diez toneladas de oro. El tesoro serviría para comprar la fidelidad del duque de Saboya, que debía ponerse del lado de Inglaterra para frenar la ambición expansionista de Luis XIV. Si el «Sussex» estuvo en el siglo XVII en el ojo del huracán de las tensiones políticas que agitaron a la vieja Europa, su hallazgo lo ha situado, de nuevo, en el epicentro de un terromoto administrativo y diplomático que afecta a la Junta de Andalucía, el Gobierno español y a Inglaterra.
Cuestión diplomática
«Aunque la noticia ha saltado a los medios de comunicación ahora, hace ya muchos meses que el Ministerio de Asuntos Exteriores se puso en contacto con nosotros, porque Odyssey les había pedido los permisos necesarios para buscar el «Sussex» -asegura a ABC Luis Lafuente, subdirector general de Protección del Patrimonio Histórico de la Dirección General de Bellas Artes-.
Aunque el artículo 132 de la Constitución determina que las costas son de dominio público estatal, las competencias en muchos casos están transferidas a las Comunidades Autónomas, por lo que les remitimos a la Junta de Andalucía». Sin embargo, al estar el pecio (barco sumergido) en aguas del estrecho, Exteriores consideró que el permiso lo debía otorgar el Gobierno español para evitar un conficto internacional, pues, según el Tratado de Utrech, España sólo entregó el Peñón a los ingleses sin que tuvieran con ello ningún derecho sobre las aguas que lo rodean. Postura que no comparte Gran Bretaña, que considera las aguas que rodean la Roca como suyas.
«La postura de Exteriores nos pareció razonable y después de revisar el proyecto presentado por Odyssey,que contaba además con un permiso de la Marina británica para buscarlo, decidimos otorgar el pasado mes de abril la autorización requerida, pero con una serie de condiciones», explica Lafuente.
Así, la autorización sólo le permitía a la empresa norteamericana realizar labores de prospección para localizar el «Sussex» en unas coordenadas determinadas. Durante las labores de búsqueda debía, además, estar siempre presente un buceador profesional de nuestra Armada que controlara las labores de los norteamericanos. Si se extraía alguna pieza del pecio, cosa que sólo podía hacerse como muestra para confirmar la identidad del barco, ésta debía pasar a manos españolas y ser estudiada en el Centro Nacional de Arqueología Submarina de Cartagena.
Un acuerdo claro y conciso al que la empresa norteamericana no se ha ceñido, y que podría costarle la renovación del acuerdo. Aunque en el proyecto presentado por Odyssey no constaban fines comerciales, la empresa norteamericana estuvo ofreciendo al público, a través de Internet, la posibilidad de embarcar con ellos durante un día, a cambio de una cantidad económica, para participar en las labores de búsqueda. Un punto que ha desagradado a los responsables de Cultura y al que se suma el hecho de que el pecio haya sido encontrado a 900 metros de profundidad, lo que impide llevar a cabo una excavación arqueológica seria, pues los submarinistas no pueden sobrepasar los 400 metros.
Lafuente, aseguró también que aún no se ha confirmado que el pecio encontrado sea el «Sussex» y que Cultura todavía no ha recibido la «memoria científica» que Odyssey prometió enviar.
Por otra parte, la Guardia Civil del Mar al ver que el buque de Odyssey estaba realizando prospecciones cerca de Sotogrande, lo detuvo para comprobar que contaba con todos los permisos.
En ese momento constataron que la empresa norteamericana estaba realizando una búsqueda fuera de la zona autorizada y que poseía autorización del Gobierno central, pero no de la Junta de Andalucía.
Litigio administrativo
Avisada por la Guardia Civil del Mar, la Junta de Andalucía notificó al Gobierno central el pasado mes de julio su incompetencia para autorizar la búsqueda de restos arqueológicos submarinos en el litoral andaluz y requirió la anulación del permiso concedido por Cultura a Odyssey Marine Exploration. Pese a que Cultura envió una carta a la Junta para explicarles la excepcionalidad de este caso, el asunto está en el Tribunal Constitucional.
Pero éste es sólo uno de los conflictivos que ha provocado el hallazgo del «Sussex». El Ministerio de Defensa británico considera, en contra de la postura española, que el pecio está situado en aguas internacionales por lo que está estudiando la mejor manera de reclamar su propiedad a la vez que sopesa si renueva o no con Odyssey su convenio de colaboración. Por otra parte, el Convenio Internacional sobre Protección de Patrimonio Subacuático aprobado por los países miembros de la Unesco el pasado otoño, establece que los países costeros son los propietarios de los barcos hundidos en aguas territoriales, aunque especifica que antes de excavarlos se debe informar al Estado del pabellón. No obstante, este Convenio considera también inexpugnables los buques de guerra, independientemente del lugar donde se encuentren, lo que complica aún más este asunto al haber sido el «Sussex» un buque insignia de la Marina Británica.
En busca del oro sumergido
Odyssey Marine Exploration Inc. es una empresa norteamericana, con sede en Tampa (Florida) que tiene por objeto la localización y rescate de pecios históricos y que lleva en activo varios años. En su página web anuncian la reciente incorporación a su equipo de Henri Delauze, pionero de la tecnología submarina, y David Saul, ex primer minsitro y ex ministro de Finanzas de Bermuda.
Además de seguirle la pista al «Sussex», Odyssey está embarcada en otros proyectos como la búsqueda de un avión cargado de oro hundido en el mar, de un barco de pasajeros que se fue a pique en la primera Guerra Mundial llevando a bordo joyas y plata, y de varios galeones españoles.
En su declaración de intenciones, Odyssey afirma, entre otras cosas, que «buscar barcos hundidos en aguas internacionales facilita el éxito del proyecto» y que la profundidad a la que se encuentra el pecio -garantía de su buen estado de conservación y de que no ha sido expoliado- es una barrera que puede ser salvada con operaciones comerciales bien diseñadas.
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